La fragilidad física es un síndrome biológico que se caracteriza por una disminución acumulativa de la reserva fisiológica, que incluye pérdida de fuerza y contractilidad muscular, lo que conlleva un deterioro de la función física y una mayor vulnerabilidad a resultados clínicos adversos1. Esta afección multifactorial surge del deterioro de varios aspectos fisiológicos, en particular los sistemas musculoesquelético, cardiovascular e inmunitario2–4. La fragilidad es una de las manifestaciones más prevalentes de la cirrosis y contribuye significativamente a resultados clínicos adversos, en particular al aumento de la morbimortalidad5. Según el fenotipo de fragilidad de Fried, ampliamente establecido, la fragilidad física se caracteriza por agotamiento, reducción de la fuerza de agarre, velocidad de marcha lenta y baja actividad física; las personas que cumplen 3 o más de estos criterios se clasifican como frágiles2. Entre las personas con cirrosis en lista de espera para un trasplante de hígado, la fragilidad se ha relacionado de forma independiente con una mayor mortalidad en la lista de espera y hospitalizaciones no planificadas más frecuentes6.
Un metaanálisis reciente demostró que la prevalencia combinada de fragilidad en pacientes con cirrosis es del 27% (IC del 95%: 21-33%), y en comparación con los pacientes no frágiles, los pacientes frágiles tienden a ser hombres, mayores, tienen un índice de masa corporal más bajo y una función hepática deficiente7.
A pesar de su importancia clínica, la fisiopatología de la fragilidad en la cirrosis aún no está completamente dilucidada1.
Actualmente, la principal herramienta para evaluar la fragilidad en la cirrosis es el Índice de Fragilidad Hepática (LFI, por sus siglas en inglés), una medida validada y objetiva que incorpora la fuerza de prensión manual, la permanencia cronometrada en la silla (5 repeticiones) y pruebas de equilibrio (sostenimiento en paralelo, semitándem y en tándem). El LFI clasifica a los pacientes como robustos (LFI<3.2), prefrágiles (LFI 3.2 a <4.5) o frágiles (LFI≥4.5). Otras evaluaciones de fragilidad utilizadas en la cirrosis incluyen la Batería Corta de Rendimiento Físico, que evalúa la velocidad de la marcha, el equilibrio y la permanencia en la silla, así como herramientas funcionales autoinformadas como las actividades de la vida diaria y las actividades instrumentales de la vida diaria. Mientras que las actividades de la vida diaria evalúan la capacidad del paciente para realizar cuidados personales básicos, las actividades instrumentales de la vida diaria miden funciones cotidianas más complejas, como la preparación de comidas o la gestión financiera. Cabe destacar que las limitaciones en las actividades de la vida diaria son fuertes predictores de mortalidad en pacientes con cirrosis6.
De manera similar, la desnutrición es una complicación frecuente de la cirrosis y tiene un impacto significativo en la gravedad de la enfermedad, afectando aproximadamente al 20% de los pacientes con enfermedad hepática compensada y hasta al 80% de aquellos con enfermedad descompensada8,9. En pacientes con cirrosis, la desnutrición es un factor importante de la sarcopenia, un componente central de la fragilidad física10,11. Aunque se ha investigado la fragilidad en diferentes causas de cirrosis, los estudios existentes evalúan en gran medida a individuos con cirrosis establecida y los datos en pacientes con enfermedad hepática crónica relacionada con el VHC siguen siendo escasos (tabla 1).
Estudios de cohortes que informan tasas de fragilidad en pacientes con enfermedad hepática crónica
| Estudio | Número de pacientes | Frecuencia de VHC | Prevalencia de la fragilidad y tipo de evaluación | Hallazgos principales |
|---|---|---|---|---|
| Tandon et al., 201614 | 300 pacientes con cirrosis | 34% | 30% de fragilidadEscala de Fragilidad Clínica>4 | Ascitis (28%):52% en pacientes frágiles frente a 22% en pacientes no frágiles (p<0.001) |
| Cron et al., 201615 | 542 pacientes con ESLD derivadas para LT | NA | 43% frágilFragilidad de Fried de 5 componentesÍndice≥3 | Ascitis (52%):63% en pacientes frágiles vs. 55% en pacientes no frágiles (p=0.08)Encefalopatía hepática (41%):51% en pacientes frágiles vs. 39% en pacientes no frágiles (p=0.003) |
| Lai et al., 20184 | 529 pacientes con cirrosis | 38% | No se reportó prevalencia (índice continuo)LFI (agarre, levantarse de la silla, equilibrio) | Ascitis (34):Leve/moderada (27%) |
| Xu et al., 202116 | 1,623 pacientes con cirrosis | 22% | 27.8% frágilLFI:Robusto (LFI<3,2)Prefrágil (LFI 3.2-4.3)Frágil (LFI>4.4) | La proporción de fragilidad varió según la etiología de la cirrosis:MASH (32%), ALD (31%), criptogénica, alfa-1-antitripsina, enfermedad de Wilson, hemocromatosis (31%), VHC (22%)Mortalidad en lista de espera:La LFI se asoció con un aumento del 5% en el riesgo de mortalidad en lista de espera por cada 0.1 unidad (IC 95%: 1.04-1.07) |
| Wang et al., 202217 | 822 pacientes con cirrosis | 18.4% | No se ha reportado prevalencia LFI:Robusto (LFI<3.2)Prefrágil (LFI 3.2-4.5)Frágil (LFI>4.5) | Riesgo de mortalidad:Frágil vs. robusto: HR 3.97; IC 95% 2.26-6.97; p<0.001Frágil vs. prefrágil: HR 2.50; IC 95% 1.83-3.43; p<0.001Riesgo de hospitalizaciones no programadas:Frágil vs. robusto: HR 2.88; IC 95% 2.08-3.98; p<0.001Frágil vs. prefrágil: HR 2.33; IC 95% 1.86-2.91; p<0.001 |
| Panezai et al., 202318 | 274 pacientes con VHC | 100% | 39% frágil LFI (agarre, levantarse de la silla, equilibrio) | Sistemas de puntuación de la gravedad de la enfermedad hepática:El LFI se correlacionó con la puntuación MELD (r=0.278; p<0.001), la puntuación MELD-Na (r=0.41; p<0.001) y la puntuación CTP (r=0.325; p<0.001) |
| Vázquez-Rodríguez et al., 202512 | 52 pacientes con infección por VHC | 100% | ∼80% eran «prefrágiles»LFI:Robusto (LFI<3.2)Prefrágil (LFI 3.2-4.4)Frágil (LFI>4.4) | Una dieta de peor calidad se asocia con una mayor fragilidad (FFR)La circunferencia muscular media del brazo y la FFR están correlacionadas (r=–0.577; p=0.008) |
ALD: enfermedad hepática asociada al alcohol; CTP: Child-Turcotte-Pugh; ESLD: enfermedad hepática en etapa terminal; HR: hazard ratio; IC 95%: intervalo de confianza del 95%; LFI: índice de fragilidad hepática; LT: trasplante de hígado; MASH: esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica; MELD: modelo para la enfermedad hepática terminal; NA: no disponible; VHC: virus de la hepatitis C.
En este número de la Revista de Gastroenterología de México, Vázquez-Rodríguez et al.12 proporcionan información sobre la fragilidad y la calidad de la ingesta dietética en pacientes con infección crónica por VHC, así como la asociación entre variables demográficas, clínicas y antropométricas. En este estudio, los autores evaluaron a 52 pacientes con infección por VHC, de los cuales el 60% tenía cirrosis, enfermedad principalmente compensada (Child-Pugh A y B). La fragilidad se evaluó utilizando el LFI, y ninguno de los participantes fue clasificado como robusto; más del 80% eran prefrágiles y el 19% eran frágiles. La fuerza de prensión manual media fue de 25.5±11.1kg, lo que indica debilidad moderada en esta cohorte. El estado nutricional se evaluó utilizando el grosor del pliegue cutáneo tricipital y la circunferencia muscular media del brazo, que demostró una mayor prevalencia de masa muscular reducida en comparación con la disminución de las reservas de grasa. La calidad dietética, evaluada utilizando Mini-ECCA v.2, reveló que menos del 10% de los individuos cumplían los criterios para una dieta saludable.
El estudio de Vázquez-Rodríguez et al. es particularmente relevante porque destaca la alta frecuencia de fragilidad física en personas hispanas con enfermedad hepática relacionada con el VHC, lo que subraya la necesidad de un cribado sistemático de la fragilidad en esta población. Además, el estudio demuestra una asociación entre la fragilidad y los malos hábitos alimentarios, lo que evidencia un posible factor modificable en el manejo de estos pacientes.
Sin embargo, este estudio presenta varias limitaciones que merecen consideración. El tamaño de la muestra fue pequeño, lo que limitó la posibilidad de realizar análisis de subgrupos, y los participantes se seleccionaron en un solo centro, lo que limitó la generalización. Además, el diseño transversal impide establecer una relación causal entre la calidad de la dieta y la fragilidad. Finalmente, la masa muscular no se evaluó mediante técnicas de imagen de referencia, como la tomografía computarizada, que habrían proporcionado una caracterización más precisa de la sarcopenia13.
En conclusión, el presente estudio de Vázquez-Rodríguez et al.12 destaca una alta prevalencia de fragilidad entre pacientes con enfermedad hepática crónica relacionada con el VHC, asociada a una ingesta dietética de calidad inadecuada12. Además, la correlación positiva entre las medidas antropométricas de masa muscular y fuerza de prensión manual enfatiza la importancia de evaluaciones objetivas de la masa y fuerza muscular. Sin embargo, se requieren estudios longitudinales con un mayor número de pacientes de diferentes centros para aclarar la relación causal entre la fragilidad y la ingesta dietética en la etiología de la cirrosis relacionada con el VHC. La evaluación de la masa muscular mediante tomografía computarizada se considera el método de referencia, ya que proporciona información más detallada y precisa, y se recomienda para estudios futuros. Dichos estudios proporcionarían información sobre cómo las intervenciones nutricionales, la optimización dietética y la preservación temprana de la masa muscular en diferentes poblaciones podrían afectar la supervivencia, las complicaciones y la calidad de vida de los pacientes.
FinanciaciónNo se recibió patrocinio de ningún tipo para llevar a cabo este artículo.
Conflicto de interesesLos autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.
Véase contenido relacionado en DOI: https://doi.org/10.1016/j.rgmx.2025.06.013, D. Vázquez-Rodríguez, R. Rodríguez-Echevarría, D.A. López-de la Mora, et al. Fragilidad y calidad del consumo alimentarioen pacientes con infección crónica de virus dehepatitis C (VHC) con y sin cirrosis Rev Gastroenterol Mex. 2026;91:5-11.


